Me gusta tener los ingredientes preparados antes de empezar a guisar, así que yo recomiendo pelar y trocear las patatas en láminas de unos tres centímetros de grosor. Reservamos.
Vamos con las verduras, las vamos a pochar, cogemos el pimiento y lo picamos ayudándonos de la tabla de cortar, primero en trozos finos alargados y luego en cuadraditos.
Ojito no nos caigan semillitas del pimiento que luego es desagradable encontralas en el plato 😉
Lo mismo hacemos con la cebolla, la cortamos en pequeños trocitos y junto con el pimiento lo echamos a la cazuela que tiene un chorrito pequeño de aceite. Echamos un poco de sal y dejamos que se pasen a fuego medio sin llegar a quemarse, hay que vigilar.
A los 5 minutillos añadimos a la cazuela (que tiene el pimiento y la cebolla pochadas) todas las patatas que cortamos al principio, ponemos la hoja de laurel y el pimentón, lo dejamos otros cinco minutillos moviéndolo de vez en cuando. Añadimos sal al gusto.
Y finalmente añadimos agua hasta que cubra los ingredientes, lo dejamos cocer durante 15 minutos o algo más, depende un poco del tipo de patata que hayáis usado.
No dejéis de probar a ver cómo está de sal, porque al añadir agua es probable que se quede algo soso.
Comprobamos que las patatas estén tiernas, si pinchas una con un cuchillo y este entra fácilmente es que ya están listas.
Ya queda muy poquito para terminar la sopa de patatas.
Machacamos el ajo y el perejil en un mortero y lo añadimos al guiso de las patatas, lo dejamos dos minutos y apagamos el fuego.
Cortamos el pan en finas lonchas y lo colocamos sobre el plato de cada comensal. Encima echamos la sopa de patatas bien caliente.
La sopa de patatas ya está preparada, que aproveche 😉